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Mundial: Incrédulos los brasileños con eliminación

MUNDIAL BRASIL-LAMENTOSAO PAULO (AP) – Como si la noche hubiese caído al mediodía, Brasil quedó cubierto por un manto de tristeza e incredulidad luego de la derrota de su selección 2-1 ante Holanda para quedar eliminada en los cuartos de final de la Copa del Mundo.

La explosión de vuvuzelas, bocinazos, fuegos artificiales y el griterío que marcaron el final de los anteriores partidos de Brasil dieron esta vez paso a un silencio enorme, y algunos llantos.

Quien aparentemente mostró resignación y hasta algo de optimismo fue el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien vio el partido en su residencia del Palacio da Alvorada con algunos colaboradores.

Según Globo TV, tras la derrota Lula abrazó a la candidata de su partido para la elección presidencial de octubre, Dilma Rousseff, y le dijo: «Ahora, sólo en 2014, contigo como presidenta. Tú vas a conquistar la copa».

Brasil será sede del mundial en 2014, y si gana en octubre, Rousseff será presidenta.

En el único incidente conocido, el cónsul de Holanda en Río de Janeiro, Paul Comenencia, sufrió quemaduras menores en una mano al ser alcanzado por un cohete de fuegos artificiales aparentemente lanzado desde un edificio vecino al hotel en cuya terraza celebraba con hinchas de su país, según dijo la vocera del consulado, Patricia Broers. Comenencia restó importancia al incidente y no acudió a la policía, que dijo que investiga el caso.

Se frustró la fiesta en la playa de Copacabana, salvo para un pequeño grupo de holandeses que antes del partido soportó las bromas de cientos de brasileños entusiasmados y optimistas.

En la playa, Paulo Gama, de 34 años, y su novia lloraban abiertamente.

«Mañana no saldrá el sol», dijo Gama. Y no pudo seguir hablando debido al llanto entrecortado.

Un grito de agonía marcó el pitazo final en Sudáfrica, y la marea de miles de camisetas amarillas comenzó a decrecer en la arena de Copacabana.

«Se acabó, se acabó, no lo puedo creer», gritaba Luciano Barreto, un hincha inconsolable.

Pero pronto surgió la otra reacción brasileña, la del optimismo y la alegría: la banda de la escuela de samba Manguera ocupó con su ritmo el escenario levantado en la playa, y mucha gente comenzó a bailar, algunos gritando «la copa es nuestra en 2014».

En las calles de muchas ciudades hubo algunas expresiones de resignación, pero muchas más de dolor y de incredulidad.

Los que hasta pocas horas antes eran ídolos, perdieron rápidamente la adoración de los hinchas.

«Kaká no ha hecho nada, ¡hay que sacarlo!», «¡Robinho no puede ser más malo!», se escuchó a airados hinchas desde un grupo de empleados bancarios que seguía el partido en un bar de Brasilia.

«Por culpa tuya perdimos», gritó en medio del grupo Vanda Melo, cuando la pantalla mostró el rostro desencajado de Dunga. «Ojalá nunca más vuelva a entrenar un equipo».

En Sao Paulo, luciendo la camiseta de la selección, Simao Prado, un profesor de matemáticas de 31 años, se tomó el día libre para ver el partido y celebrar «durante horas» con sus amigos, «porque estaba seguro que ganaríamos».

«Ahora, sólo quiero irme a casa, sacarme esta camiseta y estar solo», dijo.

Prado es uno de los que se resistía a creer que el sexto título mundial sólo fue un sueño.

«Comenzó todo tan bien, parecíamos invencibles», afirmó. «No sé qué pasó. Fue como si el equipo ya no creyera que tenía que jugar para ganar. Perdimos, pero merecimos perder. Jugamos muy mal».

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